Observatorio Político 15-07-2013

Observatorio Político
¡AL LADRÓN!, ¡AL LADRÓN!
Por Maquiavelo
¡Al ladrón!, ¡Al ladrón!, frase que cuyo origen parece se remonta al Siglo IX dentro de la compilación de cuentos de las Mil y Una Noches, viene a cuento -sin serlo tanto- luego de que una vez terminado el proceso de votación y tener ganadores por un lado y perdedores en el otro, estos segundos esgrimen la sentencia, como portando una impoluta, blanca y translúcida vestimenta de diosa griega, “perdimos porque compraron –con dinero suponemos- el voto de la gente”.

 Y bueno, algo sabrán cuando dicen eso. Pero, en los hechos, qué pasó en el proceso electoral en el cual los tradicionalmente acostumbrados a pagar por tener el voto cautivo, digamos el PRI, pareciera ser que hoy trataron de portarse honestamente. Más sin embargo, eso sería tanto como pedirle a una Zorra (vulpes, vulpes) dentro de un gallinero que no se coma los huevos…ni las gallinas.

Tanto los seguidores del PRI como sus testaferros -de a tanto la cuartilla- se han dado a la tarea de denostar, de lengua, porque no presentan ninguna prueba que lo pruebe, (valga la rebuznancia) un proceso electoral en el cual si bien hubo incidentes de baja o nula importancia menos se tipificarían delitos electorales que valieran suficientemente la pena no sólo para echar abajo la elección, sino siquiera impugnarla con sustento. Mas ahora se dedican a ensuciar el resultado electoral basados en supuestos…

Pero igual que aquél dicho que dice y dice bien: “no apedrees la casa de tu vecino si tu techo es de cristal”, ahora algunos priístas disidentes que no soportan la mentira ni la maledicencia de sus correligionarios  le pusieron color a la noticia luego de que sacaron a la luz una buena parte del porqué Rogelio López perdió la elección. Resulta que algunos priístas, con nombre y apellidos, escritos así de esa manera en las Redes Sociales, principalmente el Facebook se “clavaron” el dinero que les dieron para comprar el voto. ¡Zaz!

Luego entonces quién es quién en este juego político en el que el dinero, (siempre el dinero) ocupa tan preponderante lugar para garantizar el triunfo electoral que, como hemos visto lo garantiza igual como si de otros tantos proyectos productivos se tratara?

Por lo que traeríamos a cuento aquellas sentencias de doña Juana de Asbaje: ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por el que se roba la paga o el que paga por pecar ganar?/ Pues ¿para qué os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis./ Dejad de solicitar y después con más razón acusaréis la afición de la que os fuere a rogar./ Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo, hambre,necesidad y pobreza. (¿le suena?)

 

Este caso, sin duda de indeleble marca priísta me recuerda la columna de un colega, Valentín Varillas que nos ilustró, apenas hace unas semanas, sobre el porqué Mario Marín perdió la elección, junto con su alter ego Javier López Zavalaa, resulta, dice el columnista que encabezó su colaboración como: “De cómo no llegó el dinero para operar elección 2010” y entre toda la explicación refiere que: A principios de 2010, Juan N. era un humilde trabajador de la Secretaría de Finanzas del gobierno estatal. Sin mayores pretensiones, desempeñaba un modesto pero digno cargo en una dirección de área de la dependencia. Nunca imaginó que su vida cambiaría en el mes de febrero, cuando fue llamado a una secretísima reunión con uno de los más influyentes personajes de la pasada administración. Ahí, le encomendaron una tarea importantísima, fundamental para el futuro del régimen y por lo tanto del suyo y el de su familia. No podía decir que no. La encomienda pasaba por recibir y enviar a una bodega, cantidades diversas de dinero en efectivo que serían retiradas sistemáticamente de las arcas públicas. Así lo hizo. Pero un buen día, el mero día del proceso electoral, dice Valentín: Fue abordado por cuatro hombres armados que lo subieron a un vehículo. Lo llevaron a la bodega, de la cual conocían previamente su ubicación. Ahí, ya los esperaban otros tres sujetos, cada uno con una camioneta propia. Lo obligaron a abrir y entre todos se llevaron las bolsas negras con el dinero en efectivo. Posteriormente, ya con el botín en las manos, Juan N. fue llevado a una casa fuera de Puebla, en donde estuvo retenido hasta el lunes por la mañana, cuando el proceso electoral era ya historia. Denuncias? No hubo, para qué y por qué, si el dinero nunca existió.