PUEBLA EN LOS TIEMPOS DE CÓLERA

¡Buenos Días, Huauchinango!
La inseguridad se palpa, se respira, se vive en el día a día
Septiembre 27 de 2017
Por El Huachi
Los brotes de la inseguridad en la entidad poblana y no sólo como percepción de la ciudadanía, sino como un hecho real y palpable, hoy se combate desde la sociedad misma, según reportes periodísticos y de las Redes Sociales donde, éstas últimas, se convierten en el medio más buscado para denunciar cuanto ilícito sucede en cada pueblo ciudad o colonia.

Los actos de linchamiento de presuntos ladrones, asesinos o secuestradores se han vuelto inquietante parte del panorama que debiera preocupar, luego de que el nuevo sistema penal acusatorio se convirtiera en una pesada losa sobre la espalda de la ciudadanía y principal fuente de todos los males que la aquejan.

Los derechos de los presuntos ladrones, secuestradores, asesinos o acosadores, son más respetados por la Ley que los de agraviados quienes, carentes de conocimiento y atención de parte de la autoridad ministerial, ya ni se toman la molestia de denunciar ilícitos que se llevan a cabo cada vez más con mayor frecuencia y virulencia.

Por eso, ante el acoso de una delincuencia rampante y brutal. La respuesta ciudadana con el linchamiento de los bandidos y transgresores de la Ley es lo único que queda al pueblo. Pero volver a la época que nos narra el Éxodo 21:24 sobre el homicidio y la violencia: “Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.…” no es lo más adecuado dentro de una sociedad que pretende elevarse como garante de los Derechos Humanos, más sin embargo como dicen que dijo Galileo, “se mueve…”

La detención de dos sujetos el día de ayer (26 de septiembre) por una furiosa turba ciudadana del municipio de Aquixtla, presuntos ladrones originarios que, dicen, son de Huauchinango y a quienes sorprendieron robando una vivienda, fueron duramente castigados y a punto de ser linchados por los vecinos, cansados de tanto acoso de ladrones y huachicoleros. Si bien se salvaron fue debido a la intervención policíaca, no gracias a la conmiseración ciudadana por sus actos, aunque, algunas veces pagan justos por pecadores.

De igual manera, el día de ayer se conoció la noticia de que  dos sujetos fueron encontrados semidesnudos, completamente golpeados y cada uno con un balazo en el pie izquierdo, los dejaron, según narran las crónicas, frente la entrada de la parroquia de San Juan Evangelista de Acatzingo y como remate sus cuerpos tenían unos cartones con mensajes de amenaza hacia los delincuentes, de alguien que firmó de la siguiente manera: “ATTE: LA LIMPIA”.

Mensaje de delincuentes contra delincuentes o de sociedades secretas civiles que actúan acorde a lo que podría proponer la percepción ciudadana sobre la inseguridad pública, justicia por mano propia. Sin duda vivimos tiempos de cólera.

El brutal asesinato de Mara así como el más reciente de la profesora, madre de familia y quien detentaba, incluso, dos trabajos para mejorar su condición económica, deberán ser los detonadores para, finalmente, establecer la alerta de violencia de género contra las mujeres. Urge un mecanismo de protección dentro de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y de esa manera garantizar la vida, libertad, integridad y seguridad de las mujeres y niñas. Sin duda, hace falta esa herramienta legal frente a la violencia feminicida que hemos visto, una forma extrema de violencia contra las mujeres. Así como el pueblo se organizó para apoyar a las víctimas del sismo, el sismo de violencia que azota al país, deberá tener, en el actuar ciudadano su respuesta ante la atonía oficial. Conste, entiéndalo quien lo quiera entender.