PUEBLA: LA PELIGROSA EXALTACIÓN DEL NEOHISPANISMO

PUEBLA: LA PELIGROSA EXALTACIÓN DEL NEOHISPANISMO 
Por Ociel Mora
@ocielmora
Con motivo de la celebración de una fecha más acerca de la fundación de Puebla, me había propuesto escribir acerca de los grandes mitos y rituales que se crearon alrededor de aquel acontecimiento y cómo sobreviven agazapados hasta nuestros días.

Incrustados en narrativas y acciones concretas de gobierno, ocultando con ello poderosas relaciones de poder, de una élite sobre el resto de la población. El padre de la sociología (E. Durkheim) postuló hace más de un siglo que el ritual es un mecanismo ideológico que sostiene y reproduce el orden social. Sobre ese fundamento había pensado referirme a la muy arraigada idea entre muchos historiadores y académicos profesionales que se han ocupado del tema, de que la ciudad de Puebla se fundó ex profesamente para congregar a españoles que vagaban sin beneficio en el Nuevo Mundo; que se hizo en un llano deshabitado (sin población indígena a la vista), que el proyecto había sido revelado al obispo de Tlaxcala en un acto divino, y que los nuevos vecinos no tendrían indios a su servicio ni mercedes de ninguna clase y que serían ejemplo de labrados y artesanos para el resto de la población.

Muchos de aquellos españoles que vagaban sin oficio ni beneficio eran motivo de zozobra permanente por parte de la nueva burocracia imperial y de la misma Corona.

La mayoría de estos españoles guardaban grandes resentimientos contra las autoridades peninsulares porque no habían sido retribuidos como esperaban por sus servicios prestados durante las muchas de batallas de Conquista en las que participaron. La congregación de los españoles fue pensada como un medida de seguridad del reino, amenazado de motines y revueltas por ex soldados y ex oficiales de Cortés (para entonces el gran conquistador tenía varios cargos judiciales encima, entre otros el ser autor de la muerte de su primera esposa Catalina, en su casa de Coyoacán, y motivo de vigilancia permanente); no como ejemplo de buenos y dilectos labradores para los indios.

Tampoco es cierto que el sitio designado para la fundación de los nuevos pobladores estuviera deshabitada. Como puede verse en el Códice Cholula, el área en el que se determinó levantar la ciudad de Puebla formaba parte de la extensión territorial del señorío de Cholula.

El pueblo de San Miguel Canoa hacia las veces de frontera con Tlaxcala. Tampoco es cierto que los indios fueron ajenos a la fabricación de la nueva ciudad, basta ver las crónicas de Motolinía, el fraile franciscano que estuvo presente cuando “se echaron los hilos” de la repartición para caer en la cuenta que las casas fueron construidas con madera y palma traída por los propios indios de Tlaxcala, Cholula, Tepeaca, y demás centros grandes indios.

“Llegaban en miles”. El supuesto sueño de Julián Garcés, obispo de Tlaxcala, en la que unos ángeles le comunican… etc., etc., es un invento de Bermúdez de Castro, doscientos años después, y que cualquiera pude consultar en su obra, Theatro angelopolitana. ¿Qué han ocultado y que ocultan este amasijo de mitos y rituales? La invisibilización de los indios y su sojuzgamiento histórico.

Puebla es la única ciudad de México en la que el hispanismo ha sido llevado a unos niveles verdaderamente preocupantes para mantener la convivencia armónica de la comunidad. En un acto arbitrario y que contraviene el sentido más elemental de la institucionalidad a la que están obligadas nuestras autoridades, la legislatura actual impuso el nombre de Palafox y Mendoza en los muros del Congreso, ignorando u omitiendo de manera deliberada que Palafox fue el representante del Imperio durante la Colonia. Pero creo que no es la hora de escribir sobre el asunto.