EL PUEBLO SE DEBE DAR A RESPETAR

Observatorio Político
EL PUEBLO SE DEBE DAR A RESPETAR
Por Maquiavelo
Ensombrecido por la más irracional, abyecta y criminal violencia, nos tocó vivir un proceso electoral intolerante, rabioso, sangriento, brutal, sin duda lo peor de la política nacional involucrada con el crimen permeó las capas de una transición política que debió haber sido ejemplar y un parte aguas para las nuevas generaciones de mexicanos que se encuentran pegadas a la pared por el terror y el profundo miedo que genera esta violencia. Sin embargo, esta es una revolución, una nueva Revolución Mexicana no exenta de sus resultas.

Lo peor es que a las reticencias y los amagos sucedieron los crímenes, las balaceras, los asesinatos; ataques a las familias o asaltos a candidatos. Se volvieron parte de la cotidianeidad política que nos hace pelar los ojos ante cada nueva aciaga noticia de algún atentado.

Hasta que nos llegó lo insólito, lo impensado y el ejemplo de que nadie nunca duerme.
La toma de la Casa de la Cultura encabezada -otra vez- por un cura guerrillero, Gustavo Corona quien ya lleva en su haber una acción similar hace una treintena de años y sigue tan campante apoyado, sin duda, por el pueblo, “su” pueblo, “su” feligresía, como debe ser.

Asimismo conmovió hasta el tuétano a la opinión pública el asesinato de Juany Maldonado y Erika Cázarez, el asesinato de Gustavo Gómez en Metlaltoyuca, la balaceada a los candidatos de Tlacuilotepec y Juan Galindo,  la noticia del asalto a la casa del candidato del PRI Enrique Rodríguez  y el presunto secuestro fallido de un familiar del presidente municipal Gabriel Alvarado y otros sucedidos en esta región serrana que seguramente se nos escapan a la memoria.

Bien recordamos aquellas sabias palabras asentadas en el Cantar de los Cantares cuando don Rodrigo Díaz de Vivar le dice a Alfonso VI; “Muchos males han venido por los reyes que se ausentan... y el monarca contesta: Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”.

Y eso precisamente es lo que nos está sucediendo, no puede haber peor preámbulo para un proceso electoral que campañas sangrientas y llenas de violencia.

Más de 120 candidatos han sido asesinados en el país debido, según la percepción ciudadana y los informes policíacos, a grupos de delincuentes asociados con gente que ostenta en poder estatal, regional o municipal.

Y bueno, hay que decir que lo mismo sucede en Venustiano Carranza, que en Xicotepec, Huauchinango o Zacatlán o cualquiera de los dos mil 457 municipios más 16 en la Ciudad de México que se integran en las delegaciones políticas, de nuestro país, el mal es el mismo.

Pese a todo esto, como dicen en el argot del vodevil, “Show must go on…”, “El show tiene que seguir” así, los políticos que queden parados, los que sobrevivan, deberán ser votados para ostentar el título de Servidores Públicos por elección Popular y ésa, precisamente es la clave, en la cual mucha gente no mira ni se fija y se olvida. El ciudadano emite su voto y lo único que le queda es que dentro de tres o seis años, volverá el ritual político, la propaganda, las promesas y de parte de la gente  un nuevo  quejarse, llorar, asombrarse por la violencia y….!votar!

Sin embargo el remedio no podría estar más cerca de nosotros tanto, que ni lo vemos. Hemos de recordar aquella frase de don Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos (1861-1865) cuando dijo “Un gobierno del pueblo, por el pueblo para el pueblo…” que inspirara a un candidato actual Andrés Manuel López Obrador a intentar penetrar en el ánimo nacional electoral con la frase: “Sólo el pueblo puede salvar al pueblo”.

Y efectivamente cuando el pueblo se dé cuenta de que al momento de elegir a un mandatario, esa sola palabra significa “mandadero”, que en términos jurídicos quiere decir que es: “Una persona que mediante un contrato de mandato (en este caso el voto) acepta de otra, llamada el mandante, (el pueblo) el encargo de representarlo en determinados actos jurídicos o de gestionar sus negocios y agrega; "el mandatario queda obligado por la aceptación a cumplir el mandato, y responde de los daños y perjuicios que, de no ejecutarlo, se ocasionen al mandante", es decir “Que el pueblo os lo demande…”

Así que cuando entendamos a cabalidad lo que esto significa, no importa el origen del candidato si es ladrón, abusivo, lavador de dinero, delincuente, etc., deberá ser el pueblo organizado en calles, colonias, y pueblos, el que le hará enmendar su proceder. Gane quien gane, el triunfador debe ser el pueblo audaz, valiente,  contestatario, insatisfecho, jamás logrará un pueblo callado, apocado o de cobardes gozar de avances y respeto. Conste.