HISTORIA DE UNA INFAMIA OFICIAL EN HUAUCHINANGO

AUTORIDADES DE LA FISCALÍA ASÍ COMO DEL RECLUSORIO DE HUAUCHINANGO  ABUSARON DE LA CONDICIÓN HUMILDE DE UNA MUJER INDÍGENA
El Ayuntamiento ya no le hace caso
Pese a obtener su libertad no fue liberada y ahora, lesionada, abandonada a su suerte
b_150_100_16777215_00_images_sierra_regional_a_salustia1.jpgHUAUCHINANGO, Pue.- 1 de Octubre de 2018.-  Víctima de las injusticias, abusos y marginación social, Salustia Domínguez González de 58 años de edad, de la etnia náhuatl, quien no habla español, sufre los abusos oficiales, acusaciones sin fundamento y el abandono oficial internada en el Hospital  General de Huauchinango.

La mujer sufre una serie de lesiones físicas que la tienen al borde de la muerte por el sólo hecho de ser ignorante de la Ley, sus Derechos  Humanos, no saber hablar español y el abuso de las autoridades.

La mujer, víctima de un Sistema Penal y aplicación de justicia lleno de irregularidades, abusos, prevaricaciones, omisiones y negligencias tras haber sido inculpada y presa por un delito que no cometió e ingresada al CERESO de Huauchinango durante año y medio, recibió su boleta de libertad 13 días después de haber sido emitida.

Un documento que le fue entregado a sus familiares casi dos semanas después después de que las propias autoridades le habían negado salir de la cárcel, propiciaron que hoy esté a punto de morir en el hospital. De lograr salvarse  quedará lisiada para todos los días de su vida, las autoridades se deslindan y abandonan a su suerte.

Sus familiares, quienes pidieron la gracia del anonimato para evitar las represalias de las autoridades municipales y estatales relataron a este reportero, atraído por señora Marichelo Valderrábano, activista y luchadora social de esta localidad, sobre las atrocidades que sufrió esta indígena.

La mujer quien, para mantenerse en Huauchinango  y estar junto a su marido, ése sí, preso y confeso de un crimen cometido en su comunidad hace 16 años, se avecindó en la ciudad estaba dedicada a fabricación y la venta de artesanías. Sin embargo recientemente fue indebidamente señalada de haber sido participante en el homicidio cosa que llevó a la autoridad a detenerla aunque lo único que pudo probar fue lo falaz del señalamiento.

SU HISTORIA.
Doña Salustia es una mujer casada, con un campesino de la comunidad de Huyenaupan, en el municipio de Naupan, ubicado en las estribaciones de la Sierra Norte de Puebla. Ambos  dedicados a las labores del campo en un terreno heredado de los padres del esposo donde convivía en, digamos, comunidad con uno de sus hermanos con el que comparte la heredad.

Sus vidas discurrían entre el trabajo duro, las necesidades y la precariedad económica y de medios, sin embargo, dicen sus familiares, eran felices, aunque no tenían hijos. Pero un buen día la esposa comenzó a ser molestada por un vecino que le requería sus favores, a lo que la mujer rechazaba con firmeza.

Situación que fue empeorando hasta que llegado el momento su esposo, apercibido del hecho, peleó con el Don Juan y terminó asestándole un machetazo que le abrió la cabeza y por allí mismo le sacó el alma.

El hombre fue perseguido por  la autoridad con base en el proceso 185/1997, año en que se cometió el crimen. Finalmente el 3 de Febrero de 2009 fue hecho preso y llevado ante el Juez de la causa que le procesó y aplicó una sentencia de 13 años de cárcel que cumple en el Centro de Rehabilitación Social de Huauchinango, (CERESO).

Así, de esa manera la mujer, doña Salustia se vio en la necesidad de trasladarse a la ciudad de Huauchinango en donde su hermana, que vende tamales desde hace 28 años en el Centro Histórico de la Ciudad, le acogió en su casa. Al estar en la ciudad, la mujer podía visitar a su marido cada semana hasta el CERESO donde le llevaba comida, platicaban y llevaban la vida lo mejor posible, habidas estas circunstancias.

La señora, en su necesidad de subsistir, comenzó a elaborar algunas artesanías aprendidas desde niña entre los de su pueblo indígena; lo mismo cosía ropa, bordada blusas, fajas y confeccionaba  vestidos y camisas, elabora collares, pulseras, en fin, lo que de la tradición náhuatl les viene de milenos y logró “un lugarcito” para vender en la calle conocida como “La Calle de las Escaleras” aledaña a la parroquia católica de esta localidad, frente a una sombrerería.

LA DETENCIÓN
Todo se había, más o menos, acomodado. La mujer, que de vez en cuando regresaba a su pueblo, Hueynaupan, para ver su hacienda, su casa y ante la falta de animales, gallinas picoteando, chanchos hozando el terreno y los perros correteando las ardillas, lo que antes pululaba ahora no había más. La yerba estaba crecida y no escuchaba el golpear del hacha de su esposo, “haciendo la leña”. Entraba en su nostalgia.

Lo peor es que el hermano de su esposo se enojaba porque ella iba, se molestaba y hacía un ambiente de repulsa a su presencia. La mujer entendía que no era bien recibida, pero era la casa de su marido en un terreno heredado del padre de éste, por tal motivo no dejaría de ir, hasta que regresara con él, trece años después, una vez liberado de la cárcel. Tenía ese sueño, lo esperaba.  Así pasaron los años y, cada ocho días, como religión iba al CERESO a visitar a su marido.

b_150_100_16777215_00_images_sierra_regional_a_salustia5.jpgSin embargo, un buen día, del mes de marzo de 2017, hace año y medio, la policía llegó a su puesto de artesanías. Allí los agentes ministeriales la detuvieron y se la llevaron presa. La mujer asustada, no entendía que sucedía y no comprendía. No porque no supiera que era privada de su libertad, sino que no entendía el lenguaje de sus captores, ella no entiende el español, sólo el habla náhuatl, desesperaba, se mesaba el pelo, dicen sus familiares..

La llevaron al CERESO donde le leyeron los cargos. Para ella bien podía haber sido chino, seguía sin entender, no hay traductor de ninguna lengua indígena. La encerraron, la metieron presa y tiraron la llave. Nada se movía a su favor, nadie había por allí que le explicara el porqué estaba en esas condiciones, así transcurrió un año y medio.

Finalmente un familiar empezó a intervenir. Comenzó a hacer caminar un proceso en el que a la mujer se le acusaba de ser copartícipe del homicidio que había cometido su esposo. La acusación provino, seguramente, dijo uno de sus parientes, de alguien a quien la presencia de la señora era molesta. Aunque no señalaron a nadie. “Pero tengo la grabación…” dijo. No quiso mostrarla. “A mí, lo que me importa ahora es la salud de la señora…”dijo tajante.

Finalmente luego de año y medio presa, la acusación de coparticipación a la esposa del homicida terminó por diluirse y la Justicia emitió su  boleta de libertad, pero…

EL ACCIDENTE SUS LESIONES Y EL DESLINDE
b_150_100_16777215_00_images_sierra_regional_a_salustia2.jpgDentro los múltiples casos de accidentes automovilísticos que se suceden día con día en las carreteras de la Sierra Norte de Puebla, la prensa tuvo un conocimiento si bien tardío, con una omisión, sobre un accidente que sucedió en la autopista Tlaxco-Tejocotal a la altura del kilómetro 43+100, cerca de la caseta de Michac.

Pese al hermetismo con que fue tratado por las autoridades este accidente sucedió el día 6 de septiembre por la tarde, cuando una patrulla de la Policía Estatal con tres elementos uniformados de esa corporación junto con dos reclusos, viajaban a bordo del vehículo marca Volkswagen tipo Jetta con balizas de la corporación policíaca de Puebla.

Los viajeros regresaban de la capital del Estado, a donde llevaron a dos reclusos para practicarles un examen psiquiátrico al Hospital conocido como “El Batán”. La patrulla, por motivos desconocidos,  salió de la carretera y se fue volando hacia una depresión de cuando menos cinco metros de profundidad donde cayó para luego dar volteretas y quedar en medio de una zona de charcas.

En este accidente, uno de los reclusos, Guadalupe Pacheco Cabrera de 70 años de edad falleció debido a las graves lesiones que tuvo, la otra reclusa era la señora Salustia Domínguez González de 58 años de edad que resultó gravemente lesionada, al igual que los otros tres policías. No se dio a conocer la muerte del varón recluso.

b_150_100_16777215_00_images_sierra_regional_a_salustia3.jpgLos servicios de auxilio y emergencia llegaron para atender a los heridos y los trasladaron a la ciudad de Zacatlán. Los policías ingresados al Hospital del ISSSTEP, la señora Salustia al Hospital General de Zacatlán, quien luego, el 13 de septiembre sería trasladada al Hospital General de Huauchinango y el occiso enviado a la morgue.         

En ese lapso la señora Salustia siempre estuvo acompañada, en Zacatlán por una guardia de la Policía Estatal y en Huauchinango por uniformados custodios del CERESO, “para evitar que se diera a la fuga”.

De acuerdo con el parte médico la señora Salustia padece múltiples facturas en ambas clavículas, tórax y otra seria de huesos y colapso de pulmones que ponen en riesgo su vida al grado que le fue colocada una válvula pleural para drenar el exceso de agua en sus pulmones así como otras decenas de golpes que la tienen en un grito.

b_150_100_16777215_00_images_sierra_regional_a_salustia4.jpgLos días, pasaron y la señora fue requerida de nuevos estudios, nuevos medicamentos y nuevos tratamientos que, a la vez costosos implican el traslado y trajín de la señora a diversas clínicas y hospitales particulares a bordo de ambulancias ya que el Hospital General de Huauchinango carece de  equipo para Tomografías, Análisis, Rayos X, en fin, todo lo que necesario para Traumatología, por ello hay que movilizar a los pacientes, trasladarlos y llevarlos para que sean estudiadas sus dolencias a diferentes clínicas u hospitales.

LA BOLETA DE LIBERTAD
Así, ante el cúmulo de urgencias médicas para la paciente, gastos de medicamentos, y atenciones hospitalarias de toda laya, el Director del Cereso Lenin Hernández, trece días después de que la mujer fuera trasladada a Puebla, lesionada en la volcadura de una patrulla y custodiada durante varios días, le entregó su Boleta de Libertad.

Para mala afortuna, no sabemos si de la señora o del Director del Reclusorio, la tal “Boleta de Libertad” tiene fecha del 5 de Septiembre, un día antes de que la mujer, que el día del accidente seguía presa y luego trasladada por la policía a la ciudad de Puebla para un examen psiquiátrico, en el regreso fue parte de un accidente que la tiene postrada a una cama de hospital, gravemente lesionada. Finalmente la boleta del aviso le fue entregada y no liberada de inmediato tal como debió haber sucedido.

LA EXIGENCIA DE LA FAMILIA
Nuestro familiar no puede ni debe ser abandonado de esta manera por las autoridades estatales y municipales, dice una de sus parientas. En la actualidad no tiene dónde vivir, no puede trabajar, las lesiones la dejan prácticamente lisiada, sin recursos.

El CERESO se hizo cargo de los gastos durante el tiempo en que fue necesaria la intervención médica a raíz del accidente, pero ahora, tras haber entregado la “Boleta de Libertad” se deslindan y no cubren los gastos de sus lesiones que seguramente van para largo tiempo en su recuperación, no es justo, dicen.

“Nuestro pariente no tenía por qué haber sido trasladado a Puebla”, dicen sus familiares quienes ahora tienen el problema de que la señora Salustia, tiene lesiones de gravedad que necesitan atención, así como requerimientos de estudios médicos que no pueden sufragar y las autoridades se sacuden las manos y con ello la responsabilidad que adquirieron con su negligencia.  

Queremos que nos la entreguen como estaba, las secuelas son para largo tiempo y muy costosas. Es más, dicen, lo único con que cuenta es su bata de hospital, de hecho su ropa y sus cosas siguen allá, dentro, en el CERESO.

Por su parte, al reclamar esta situación al director del CERESO Lenin Hernández, éste les replicó que como institución no puede hacer más y quedaba a cargo de nosotros como familiares, nosotros tenemos que hacernos responsables. Y bueno, al principio nos hicimos cargo, pero ahora carecemos ya del recurso para poder seguir con los gastos, de hecho ahorita urge una radiografía y una Tomografía, pero no tenemos para trasladarla hasta Tulancingo o Pachuca, ya que aquí se le hicieron unas pero con pésima resolución y los doctores dicen que necesitan unas de mejor calidad.

Por otro lado, dijeron, acudimos con el Presidente Municipal Gabriel Alvarado quien al principio nos dijo que nos iba a apoyar y, de hecho, nos apoyó con el Secretario de Salud,  pero ahora, luego de la absolución de nuestro familiar,  ya ni siquiera nos responde.

LA INTERVENCIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS
Por tal motivo, acudieron a las oficinas de la Comisión de los Derechos Humanos para integrar una queja sobre este proceder, la encargada del despacho aunque apoyó de manera parcial, no atendió adecuadamente el caso y dejó todo a un lado.